Articulos - Caminos
Guambra y Valladolid
Fecha: 2009-03-09
Esta zona de Aragua, colindante con Miranda, es predominantemente montañosa. Aquí la serranía del interior comienza suavemente a levantar sus empinadas tierras. Al mirar el mapa, pareciera esta pequeña zona una isla que en vez de agua, está rodeada por importantes carreteras. Su interior mantiene todavía su indiscutible atractivo natural, propicio para un emocionante fin de semana.Al transitar por las congestionadas carreteras y autopistas de los estados centrales y observar su entorno, quienes somos amantes de descubrir nuevos parajes por los escondidos y apartados caminos de nuestra geografía, nos parece casi imposible que en estas desarrolladas tierras podamos encontrar el anhelado espacio donde la naturaleza todavía guarde algún rastro de su característico aspecto ancestral.
Invitados amablemente por nuestros amigos del Club Tourventura Aragua, un sábado en plena época de lluvia, nos dirigimos hacia la población de San Casimiro, en el Estado Aragua, para tomar luego una carretera que se desvía hacia Gûiripa, un pequeño y pintoresco poblado, que al parecer vive de la actividad agrícola de la zona. Desde aquí, encaminados por nuestros compañeros conocedores de la zona, tomamos entonces el camino que se dirige al poblado de Guambra y Valladolid.
Aunque con estos nombres de las poblaciones aledañas, pareciera que nuestro viaje remonta a las lejanas tierras del Cid, allá por los reinos de Castilla y León, realmente, sólo nos circunscribimos a una pequeña porción del agrícola e industrial Estado Aragua, que a pesar de su olor a cachapas, queso de mano y mamón, no puede esconder su antepasado insular, que en aquellos años coloniales sus productivas tierras de caña e ingenios llenaron quienes por ese entonces aquí se llegaron. Quizás esta Valladolid es reciente o es de antaño, lamentablemente, nadie me supo explicar lo que pudo haber sido de gran interés.
Entre Gûiripa y Guambra la carretera transita entre las verdes montañas. La serranía, parcelada en sus laderas, cuadricula a lo lejos los tonos diversos del intenso verde mostrando así la inequívoca marca de una importante actividad agrícola.
Tomando en esta ocasión el zigzagueante camino montano con la temprana hora de la tarde, entre el nublado cielo, característico de esas latitudes tropicales en plena época de lluvias, sombreaba la tarde de ropajes oscuros y el camino perdido entre montañas invitaba a su contemplación total.
Como no queríamos movernos, no había sitio donde no nos parábamos, lo cual por fortuna fue bueno, en parte para vivir y respirar con profundidad aquella propicia tarde, y por otra, para compartir más entre todos los integrantes de aquella nutrida caravana.
Al cabo de pocas paradas, la hermandad ya estaba hecha, por lo que a partir de ese momento ya no había preferencias. Todos eramos conocidos, lo que motivó con fluidez el intercambio de ideas sobre qué hacer en las horas venideras. Acordado por todos, buscamos un refugio para pasar con alegría la pronta noche y compartir entre amigos esta común afición por la aventura y la naturaleza.
Con la ventaja de tener en el grupo gente conocedora de la zona, alguien indicó que el sitio de pernocta ya había sido previamente concertado, por lo que con la oportuna indicación, nos fuimos directo a un inmejorable terreno muy adecuado para nuestro propósito. Por cierto, todo aquel que decida recorrer este lugar con seguridad antes del anochecer, en esta zona encontrará refugio gentilmente cedido por los amables moradores que en esta región habitan o trabajan.
De inmediato, una vez ubicados en el lugar de pernocta, se prendieron los carbones y cocinas. Se avivó la charla con la música de fondo y en una agradable e reunión el tiempo transcurrió veloz, como suele suceder cuando todo marcha bien. Durante la noche, el intenso frío obligó a muchos a abrigarse mejor las carpas humedecieron y el silencio se mantuvo, hasta que en el rayar de la mañana la vida silvestre con su canto brotó de nuevo. Pocos vieron los rayos del sol delinear en luz la ondulante cima de las montañas, la mayoría esperaron el olor del café para salir de las tibias y mullidas carpas.
Una vez bien despiertos y desayunados, entramos en razón de que el día se perfilaba nublado y probablemente lluvioso. Recogimos el campamento sin apuros y con la sensación de que la aventura ese día comenzaba. Se puso en movimiento la caravana, luego decidimos proseguir por el único camino que a estas alturas se disponía. Un trecho más adelante nos topamos con un grupo de ciclistas, quienes nos dieron indicaciones de la vía más transitada. De pronto nos encontramos con una Y, tomamos por el peor camino, al paso de un nutrido riachuelo nadie aguanto las ganas de un frío baño, el cual se acortó al comenzar los primeros síntomas de lluvia.
Proseguimos por aquellos hermosos parajes, pasamos algunas haciendas dedicadas a las cría de ganado. Al paso y con la lluvia, poco a poco el camino se ablandó, lo cual se hizo crítico al bajar por una pronunciada pendiente, con grandes cortes por la erosión del agua. Aquí la situación se tornó difícil cuando nos dimos cuenta de que abajo el río era infranqueable, por lo que teníamos que regresar cuesta arriba por la resbaladiza pendiente.
Esta operación nos tomó casi toda la tarde. Se vivieron momentos de gran emoción, algunos críticos debido a la posición en la que quedaban algunos vehículos al borde de la depresión. Se usaron los winches, las palas, los picos y toda la suerte de las trampas, hasta que totalmente, llenos de satisfacción y extenuados por el extenso pero exitoso trabajo, nos regalamos un merecido descanso. Por supuesto, tuvimos la necesidad de hidratarnos con algunas bebidas energéticas, refrescos y enlatados, quizás de los escasos que aun aquí quedaban.
Ya eran más de las seis de la tarde y la noche de este domingo pronto se avecinaba. Con esa situación tomamos el camino más seguro, según los conocimientos de los guías de la expedición. En la oscuridad, y por algunas horas, rodamos por un camino de tierra algo trillado e intransitable. Luego apareció el asfalto y casi sin darnos cuenta llegamos a Tiara, lo que nos hizo sentir que lo difícil ya había sido concluido. Sin embargo, rodamos más de media hora por el asfalto.
Varias horas nos tomó salir de la situación vivida aquella tarde, hasta que felizmente, quizás a eso de las nueve de la noche arribamos a Villa de Cura.
Agradados y felices de haber compartido aquella interesante aventura, de conocer lugares tan pintorescos, prácticamente en pleno centro del país. Nos despedimos, seguro de haber estrechado los fraternales lazos lazos de amistad, característicos de la gran familia de aventureros, que a bordo de nuestros todo terreno hemos aprendido una forma de vida en comunión con la hermosa naturaleza de este amado país.
Fuente: Edición No. 21
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