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La Quebrada del Vino

Fecha: 2009-03-09

El estado Lara, conocido por sus tradicionales paisajes de áridas tierras, sus crepusculares puestas de sol tras los rígidos y espinosos cardonales, es sin embargo una región de increíble y singular diversidad paisajística, algo desconocido para muchos. Al lado del árido y desolado paisaje se esconden paradisíacos parajes de deslumbrante verdor, maravillas vegetales como Dinira y Yacambú. Lara, además, resalta por la bondad, sencillez y creatividad de su gente, que le han ganado fama por sus valores artísticos, especialmente la música y la artesanía.

Al sur del estado, la Cordillera Andina se despliega en suaves lomas estampadas con el inconfundible sello del paisaje cordillerano. Aquí la humedad transforma el sediento paisaje y a tan sólo unos pocos kilómetros se observa a nuestros pies el valle de Quíbor, desde estas lomas, con sus áridas tierras, que gracias a la abundante agua que se produce en estas alturas, son fértiles para la producción de casi toda la cebolla, tomate y pimentón que se consumen en el país.

Aquí, en las lomas de esta serranía, los cultivos de papas y hortalizas contornean los límites del Parque Nacional Dinira, que se observa como un espeso bosque que se remonta hasta perderse más allá de la cima de las altas montañas.

Esta zona del parque nacional, ubicada en el estado Lara sobre la sierra de Barbacoas, conforma las nacientes del río Tocuyo, el más importante de la región Centro-Occidental. El nombre del parque deriva del vocablo arawaco “Dinta”, que significa lomas puntiagudas, como efectivamente se observan en algunos lugares de esta región. La altura de la serranía varía entre 1.000 y 3.500 m.s.n.m., en cuyas cumbres se encuentran algunas lagunas glaciares y cascadas, entre las cuales destaca la del Vino, un salto de agua que forma una pequeña laguna, principal atracción por sus frías y reconfortantes aguas de un característico color, del cual se deriva su nombre.

LA TRAVESÍA
Luego de agruparnos con nuestros amigos del club Travesía 4x4 de Coro y dos amigos del Club Aventura de Barquisimeto -los guías de este recorrido-, salimos con la tarde rumbo hacia la antigua ciudad de El Tocuyo (fundada en 1545 y que llegó a ser durante treinta años capital de la provincia de Venezuela). Luego de El Tocuyo tomaríamos un apartado camino que nos lleva rápidamente hacia las elevadas tierras de esta región larense.

Al llegar a El Tocuyo seguimos hacia la represa Dos Cerritos, buscando la vía que conduce a Humocaro Alto; luego, a unos 500 metros del campamento del MTC y del Ministerio del Ambiente, se encuentra una caseta donde, justo a la derecha, hay una carretera de tierra que conduce hacia el caserío Limoncito.

El día estuvo lluvioso, por lo que el camino de roja arcilla se convirtió en una resbaladiza vía, complicada aun más por la entrada de la noche, sobre todo en las pendientes y bajadas pronunciadas, donde debimos conducir con mucha precaución. Con algo de retraso respecto a lo programado llegamos al sitio más adecuado para acampar, lo que fue bastante difícil debido a la total oscuridad de la nublada noche. Pudimos pernoctar en un terreno plano a la orilla del camino, donde por la altura y lo descubierto del lugar nos acompañó una fuerte ventisca que hacía insoportable el intenso frío, razón por la cual fue necesario abrigarnos más allá de lo previsto, utilizando incluso los sacos de dormir y toda la ropa disponible. Por esto lo más adecuado para localizar el sitio para acampar es, sin duda, cuando hay todavía suficiente luz.

La corta noche fue propicia para compartir con todos estos amigos amantes del turismo de aventura, los amigos de Coro y mi persona incursionábamos por primera vez en esta zona del estado Lara y nos llenó de asombro y admiración lo cerca que está de Barquisimeto y su entorno intensamente natural y puro, realmente un privilegio para los amantes del 4x4 larense y un regalo de este estado a todos los que, venidos de otras regiones, estamos dispuestos a conocer, disfrutar y mantener este magnífico lugar.

El intenso frío y la humedad del ambiente hicieron que nuestras carpas amanecieran totalmente húmedas, incluso por dentro, debido a la condensación del vapor de agua del ambiente. La clara y nítida mañana, habitual luego de un lluvioso día tropical, nos regaló un esplendoroso sol que propició un nuevo compartir con toda esta amable gente que nos acompañaba, lo que permitió formar un ameno grupo donde, de una u otra forma, todos nos integramos. Nuestro objetivo era llegar hasta la Cascada del Vino, a través de unos perdidos caminos, utilizados en algunas ocasiones por los lugareños en sus actividades agrícolas y conocidos muy bien por nuestros compañeros de Barquisimeto, asiduos visitantes de estos lugares.

Luego de desmontar el campamento proseguimos por una carretera transitada y muy bien demarcada, vía hacia la población de Cocuizal, cruzando por estas serranías cuyas laderas están totalmente cultivadas, mayormente de papas, donde fue muy emotivo ver el método de labranza de estas tierras, ejecutado usando el olvidado arado tirado por yuntas de bueyes.

Todo este trayecto fue realmente agradable, por el fresco clima ayudado por un nublado cielo que apocaba por largo tiempo al ansiado sol, necesario para calentarnos un poco. Era tal el clima de aquel día, que por momentos se producía un fino rocío que humedecía nuestras ropas cada vez que bajábamos de nuestros carros a charlar un poco o degustar un apetitoso bocado.

Continuamos la marcha bajo las indicaciones de nuestros guías, tomábamos en todo momento el camino con los desvíos hacia la derecha, luego nos acercamos a la parte árida de la serranía para después entrar de nuevo a la espesa vegetación. El pintoresco y curioso paisaje no dejaba de impresionarnos, al contemplar cómo a un lado se extendía el verde y resplandeciente follaje, y hacia el lado contrario la yerma tierra despoblada de otro tipo de vegetación que no fuese de espinosos cactus, que contorneaban con su rojizo matiz la serranía, hasta morir en el bajo valle extendido a nuestros pies con su enorme inmensidad.

Continuamos nuestro camino, en promedio nos manteníamos subiendo, remontando la serranía Fila del Carrizo, hasta llegar a la población de El Cocuizal. En total, aproximadamente 20 km. de recorrido acumulado. Más adelante nuestros guías nos orientaron a tomar un camino angosto y poco transitado, donde pudimos conseguir algunos pasos de cierta dificultad y donde las dos Jeep Cherokee que nos acompañaron demostraron el legado de su clase, con una demostración de quiebre sobre la roca en una parte del angosto camino. Así, poco a poco, fuimos transitando; por supuesto, no sin antes acumular unas cuantas paradas obligadas, en cierta forma, para disfrutar de aquel bello paisaje. El tiempo, como suele suceder en este tipo de paseo, da la impresión de pasar más rápido de lo normal; nos sorprendió de pronto llegar a Hato Viejo, un pintoresco pueblito con sabor andino anclado sobre una alta loma rodeada de verdes campos. Todo el movimiento del pueblo sucede en torno a la agricultura. Los alrededores del pueblo son de singular belleza, conformados por unas lomas suaves donde pasta un peculiar ganado lanudo, aclimatado de esta forma quizás para protegerse del intenso frío; regados por aquí y allá algunos conjuntos de pinos y pequeños arroyos de cristalinas aguas, que en su recorrido atraviesan el camino. Preguntando por la vía llegamos a la bodega La Encrucijada, donde nos indicaron girar hacia la izquierda, buscando la vía de Barbacoas, que nos lleva hasta La Quebrada del Vino. Esta carretera, en algunos puntos, pasa por dentro del Parque Nacional Dinira; son realmente agradables el clima y el paisaje, aquí los ríos cambian el color de sus aguas por el de un característico tinto, similar al que se observa en nuestros ríos del sur. De este color muy particular deriva el nombre de la quebrada que recoge todas estas aguas, Quebrada del Vino, la cual atravesamos en su parte alta, donde el paisaje cambia y se hace rocoso y escarpado, con una apariencia similar a la de los morros de San Juan; luego la carretera baja zigzagueante por este rocoso terreno hasta llegar al empalme con la carretera de asfalto, justo casi enfrente de la entrada del parque de la Cascada del Vino.

De Quebrada del Vino nos dirigimos a Barbacoas y a San Pedro, dos pintorescos pueblitos de connotada tranquilidad, donde pasamos la noche, acampando en las cercanías de las instalaciones de la manga de cole. Luego regresamos nuevamente a Barbacoas donde, averiguando con los pobladores, pudimos encontrar un angosto y olvidado camino de tierra que pasando por Potrerito y Curarigua nos empalma con la carretera que va de Carora a Barquisimeto.

Este camino está tallado sobre las laderas de la rocosa y seca serranía, que lentamente baja muriendo sobre el amplio valle regado por las aguas de las nacientes del río Tocuyo, donde florece una pujante actividad agrícola en torno al cultivo de la caña de azúcar. Atravesando en este valle las haciendas de caña de antigua data, salimos a Curarigua, desde donde empalmamos a la autopista Barquisimeto - Carora, a través de una asfaltada carretera.

Fue una inolvidable aventura, reconfortante por el contacto con este hermoso y acogedor paisaje, que nos brindó el multifacético estado Lara, dejándonos viva la intriga por seguir hurgando en estas tierras aledañas que, sin duda guardan muchas sorpresas. Luego, la nostalgia de la despedida, que deja ese sabor de haber hecho nuevos amigos, fraguados bajo este ambiente de amistad pura y desinteresada que, como ya tantas veces lo he dicho, se origina quizás sólo entre quienes tienen en la naturaleza su principal motivación.

Fuente: Edición No. 14

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